Te mentiría si te dijera que solo quería un abrazo, estar cerca tuyo, hablar. Te engañaría, también, si te dijera que buscaba que fueras mío. Lo que anhelaba era enfermarme de vos, tenerte hasta hartarme y seguir viéndote conmigo, ansiaba algo atemporal y ajeno a todo lo demás, una incógnita en la que nosotros seamos lo único develado, solo nosotros y miles de X al rededor yertas, estáticas, sin importancia.
Pero los ideales ideales solo son, y para una realidad así hacen falta dos.

Dos escritos propios


Tengo miedo de caer en clichés, pero nunca me enseñaron, nadie, jamás, a describir, a traducir sentimientos. Porque de verdad, esta tarea se torna imposible tratándose de vos y el eterno y profundo "no sé qué" que te tengo.

Las lágrimas brotan y un pequeño oasis nace en mi mejilla, cae hacia mi cuello y lentamente de allí se evapora. Lloro sin razón a veces, quizás por la distancia, tal vez por la realidad. Me hacés mal. Te odio, repugno el hecho de amarte de la forma en que lo hago, ésta debilidad tan advertible, el escalofrío que se hace presente en mi cuerpo al verte, que el corazón se estruje, retuerza y estalle cada vez que escucho tu voz, la gelatina en la que me convierto al hacerse presente tu figura. Me tenés tan debil, tan tuya.

Lamento cada día y cada noche que ames a alguien más. Lo sufro con el alma, con el corazón, con todo eso que se usa para sufrir, y que a todos siempre les duele. Mi mente suele divagar por posibilidades de una relación, algo duradero y lleno de amor. Lo usual. Pero siempre se hace presente el "soñar no cuesta nada, pero lo único que lográs es perder tiempo y desearlo más" y lo íntegro se desintegra, me siento muriendo, y solo allí vuelvo a la realidad, a la triste verdad de continuar con mi vida fansaseando pasarla a tu lado.



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